Buenos Aires Chic: el Boom de los Almacenes Orgánicos

Almacenes Orgánicos

Buenos Aires se sube a la ola mundial que dice que comer orgánico y natural no sólo es sano sino también, (y sobre todo), cool. Así como desde hace algunos años está bien visto saber de vinos, hoy lo que suma puntos en el mundillo gourmet es conocer de dónde viene el aceite de oliva que le ponemos a la ensalada, tomar café orgánico de Manizales, Colombia, identificar blends de té y agregar semillas de chía a casi cualquier preparación. Mientras las viejas dietéticas se quedaron en el tiempo mezclando adelgacín con almohaditas de trigo, los productos orgánicos y deli, tras un largo camino alternativo, conquistan su propio espacio en el consumo premium.

Hablamos de lugares coquetos, frescos, en Palermo y aledaños, con un salón donde queda bien sentarse a trabajar vía wi-fi, comer un roll o ser visto inspeccionando chutneys. Hoy son cuatro o cinco locales, pero es apenas la punta del iceberg. De hecho, este año abrirá en Puerto Madero Dean & Deluca, la empresa neoyorquina que reinventó el concepto de almacén deli.

HISTORIA DE UN MINIBOOM
Mientras celebrities (desde Madonna hasta los hermanos Pauls) impulsan la movida desde las pantallas, los chefs hacen los suyo. “Hay más conciencia, y más información”, arriesga Juliana López May, el principal referente local de esta nueva ola. Con su programa ‘Naturalmente Juliana’, en Elgourmet, fue la primera cara joven en mostrar en tevé recetas que eran atractivas, modernas y -de paso y sin achicarse- sanas. No es vegetariana, ni macrobiótica, ni naturista; quizás esa sea la clave de su éxito. Su programa exalta el placer de cocinar y comer, pero también habla de nutrición y abre el juego mostrando sus elecciones a la hora de ir de compras.

Michael Legge, socio fundador de Natural Deli, fue uno de los pioneros en presentar de manera atractiva los productos naturales. “Cuando viajo, me encanta recorrer los mercados, saber de dónde viene cada producto, conocer su historia. Y resulta que muchos de los orgánicos que se venden en Europa son argentinos. Entonces, ¿cómo no disfrutarlos aquí?”

MERCADO, ALMACEN, PROVEEDURIA 
Los nuevos almacenes cool remiten a las costumbres previas a la fiebre del consumo, cuando el ama de casa pedía consejo y víveres a su almacenero de confianza. Mariana Chami, de Meraviglia, habla de “proveeduría” y recupera así un término relacionado con los entornos rurales y la idea de dar lo necesario. Sin embargo, hay algo de supermercado en estos locales: las estanterías -nunca góndolas- están al alcance de la mano, como para no tener que pedir cada vez que uno quiere chusmear un frasquito.

¿Qué se puede encontrar? Semillas orgánicas de todo tipo, en envases coquetos, seguros y certificados. Superalimentos como maca, chía, ginseng, guaraná, rejuvelac y wheatgrass, con alta concentración de nutrientes, en varios formatos, de la semilla al polvo y del polvo a la cápsula. Chocolates Salgado Grand Crus al 70%, con denominación de origen, elaborados con cacao cultivado en Ecuador, Brasil y Venezuela. Tés orgánicos y no tanto de lo más coquetos, con marcas como José (con saquitos de muselina), Inti Zen, Tealosophy, Chamana, Heredia. Puré de manzanas y peras para chicos de Concepto Orgánico. Vinos Vinecol, orgánicos certificados, en varietales diversos. Dulce de leche y licores de la marca Monacal, elaborada por los monjes benedictinos de la Abadía del Niño Dios, en Victoria, Entre Ríos. Y, por supuesto, la línea de mix de hierbas y especias de Narda Lepes, en sus tres variedades: suave, hot y francés, en sobres y coquetas latitas.

QUIEN LA TIENE MAS ORGANICA  
Desde hace un par de décadas, el mercado orgánico crece en el mundo entre un 15 y un 20 por ciento cada año. Hablamos de productos certificadamente libres de agroquímicos, una producción más ecológica y humana. En la Unión Europea, son el 3% de los alimentos que se consumen. Argentina es el segundo país con mayor superficie orgánica certificada del mundo: 3 millones de héctareas. Pero aquí el consumo todavía está en pañales; es por eso que casi toda la producción se exporta, y sólo el 5% queda para consumo interno. Por otra parte, conseguir la certificación de orgánico cuesta tiempo, dinero y cierta escala de producción.

Por eso, la mayor parte de los nuevos almacenes combinan productos certificados con “naturales” (es decir, sin sellito), e incluso, a veces, algunos con mayor escala de industrialización, y hasta jabones y textiles. Por ejemplo, junto a un kilo de yerba mate orgánica proveniente de Misiones se puede encontrar pastas italianas Nero Di Sepia marca Garofalo, leche de coco de Brasil o la famosa peanut butter (manteca de maní) que rellena los sándwiches en todas las películas de estudiantinas yanquis.

Los negocios de los almacenes orgánicos se sostienen principalmente por sus restaurantes o cafeterías., ya que hay una realidad indiscutible: lo orgánico es caro. Comprar orgánico no tiene sentido si no se entiende que se lleva un valor agregado en salud, nutrición y calidad humana que no se compara con ningún alimento industrial.

Artículo de Marcela Basch

Foto: Víctor Alvarez

Fuente: Planeta Joy

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