La Estatua de la Libertad cumple 150 años

El próximo 20 de febrero se cumplen 150 años de la colocación de la estatua de la Libertad, el primer monumento que tuvo Montevideo, ubicado en un espacio baldío, pobre y desolado, de escasa presencia humana,  donde sólo la naturaleza le era pródiga.

En Saeta T.V. canal 10, a las 11.30 am, en el programa “La mañana en casa”, Elena Bernadet relatará su historia.

Estatua de la Libertad
Estatua de la Libertad

La Libertad cumple 150 años

Fue la primera escultura y el primer monumento público de Montevideo

Elena Bernadet

El lugar elegido para alojar a la Libertad, la mujer más amada de todos los tiempos, fue la plaza Cagancha así llamada en recuerdo de la victoria de Rivera sobre hombres de Rosas en la cuchilla de Cagancha, en el departamento de San José, en el año 1839.

Quien recibió el encargo de embellecer el baldío que hoy todos llamamos Plaza Libertad fue Giuseppe Livi, escultor italiano egresado de las Academias de Florencia y Carrara. La escultura le fue encargada en conmemoración de otro hecho feliz, la reconciliación de las familias orientales blancas y coloradas: el principio de una etapa de armonía nacional,  luego de la Paz de Febrero de 1865.

El artista bautizó su obra como “de la Concordia”, denominación que más tarde fuera sustituida por “Columna de la Paz” hasta que los montevideanos espontáneamente comenzaron a llamarla “Estatua de la Libertad” y Plaza Libertad.

Esa mujer que reina sobre la plaza es hermosa, está envuelta en una túnica estilo griego, sostiene una bandera a medio desplegar en su mano izquierda y con la derecha aferra una espada. La corona un gorro frigio y con su pie izquierdo desnudo está pisando una cabeza cortada que representa el genio del mal.

Rosa Pittaluga la modelo, perteneció a una numerosa familia que está extendida entre Brasil, Argentina y Uruguay. Los primeros Pittaluga que llegaron a estas tierras desde Italia  tomaron diferentes destinos a causa de un altercado familiar ocurrido a bordo del barco, según cuenta Graziella Pittaluga Camacho, descendiente de Rosa en cuarta generación. “Sus padres llegaron a Montevideo”, cuenta Graziella Pittaluga “y se instalaron en una casa cuyo destino era dar alojamiento a los italianos que emigraban. Rosa y alguno de sus hermanos nacieron y crecieron allí”.

¨Era una familia muy aventurera… y Rosa tenía una personalidad muy definida, era andariega, bonita, audaz, divertida.”

“Cuando Livi llegó a Montevideo, traía una carta de Garibaldi para Oscar Pittaluga, ocasión en la que Rosa y Giuseppe se conocieron, se ennoviaron y más tarde se casaron.” “Poco tiempo después Livi recibió la propuesta de la creación del monumento, ganó el concurso y llegó muy feliz a su casa con la noticia y el proyecto de contratar una modelo para posar desnuda”.

Según el relato de Graziella, mientras Rosa planchaba miraba los bocetos que Livi, su marido, había comenzado a garabatear sobre la misma mesa, cuando sorpresivamente reaccionó y le increpó: “quiero que sepas Livi, que ninguna cara de ningún cuerpo ni nada de ninguna mujer vas a tener más que mío, de lo contrario te vas!” Esto explica porqué la fisonomía de Rosa aparece en varias esculturas de Livi.

Así comenzó la creación de la escultura. Desde la excavación no era extraño ver al artista con su esposa a grupas de su caballo, mientras en el taller él modelaba a Rosa, con el bronce de los cañones que no estallaron de la Guerra Grande.

El monumento, financiado mediante una colecta popular, fue bronceado en el taller del español Ignacio Garragorri. Se ubicó sobre una base de mármol blanco de Carrara, que se complementa con una columna de orden corintio tallado en Italia, donde se colocó la escultura de nueve toneladas de bronce  a 17 metros de altura.

Seguramente nadie pudo imaginar, que entre los pliegues de su atuendo, se escondía la historia de una mujer amante y celosa.

El 20 de febrero de 1867 el Gob. Venancio Flores, sus ministros, oficiales y una multitud, se dieron cita en la plaza Cagancha para descubrir la estatua. Tras los 21 cañonazos de rigor, salvas y cohetes, afirmó: “aquí queda para la eternidad  esta columna y este bronce de la paz, que esta estatua sea un símbolo de la concordia de la familia oriental”

Hace un tiempo  un hornero había ubicado su hogar sobre el hombro izquierdo de la escultura,  quizá quiso dar testimonio de estabilidad y fraternidad entre los orientales.

Hace 150 años que esta mujer está entre nosotros, mujer amada por Livi, amada por los uruguayos de todos los tiempos, amada por el hombre universal, tiene como razón de ser la guerra, la paz  y el amor.

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